Desde hace más de una década, la fotografía ha sido apropiada por la producción artística. En un primer momento, los artistas la incorporaron a sus obras como otro elemento más, a modo de collage si se quiere; luego la usaron para registrar sus acciones (fotoperformances); para, finalmente, constituirse la fotografía misma en un lenguaje artístico.

El boom de la fotografía es un fenómeno internacional, favorecido, obviamente, por el fácil acceso a las cámaras y por su disponibilidad inmediata; en términos generales, por el avance tecnológico y por la posibilidad de la manipulación digital de la imagen. Su generalización, así como difusión, es moneda corriente. Por eso no debe sorprender que esta semana se inauguren en esta ciudad dos exposiciones referidas exclusivamente a ella.

Mañana a las 20, en el MUNT (San Martín 1.545) se exhibirá la muestra "Fotografía extralimitada", que es un proyecto curatorial de fotografía expandida de Mónica Herrera. Está integrada por obras de Gabriel Varsanyi, Marcela Alonso, Darío Albornoz, Javier Soria Vázquez, Geli González, Marisa Rossini, Sebastián Friedman y Carlos Hopian.

"El arte en el campo expandido es un concepto de Rosalind Krauss utilizado para referirse al arte más allá de lo disciplinario. La ruptura de las especificidades de las disciplinas más tradicionales en el mundo del arte (pintura, escultura, dibujo, etc.) y su aproximación a otras áreas del quehacer artístico. Junto a lo propio de la fotografía, se verá, a su vez, un acercamiento a la fotografía/ acción, fotografía/ video, fotografía/ grabado, fotografía/ collage, fotografía/ traducción, fotografía/ edición y fotografía/huella, entre otros conceptos", explicó la curadora.

Una vez más se podrá apreciar la recuperación de la técnica del daguerrotipo en el retrato "Analogón", de Albornoz. En "Niño trata de nuevo", de Rossini, confluyen la impresión del grabado y la fotoquímica fotográfica (se trata en este caso de un registro obtenido sin cámara, al modo de los rayogramas de Man Ray); mientras que no pueden dejar de destacarse las intervenciones sobre negativos de Varsanyi y la prescindencia del fotomontaje digital de Soria Vázquez.

Cuando se puntualiza la fotografía y su relación con la acción, basta ver los registros de González, y, hasta cierto punto, los de Alonso; la presencia de la escritura en Friedman no puede soslayarse, así como la escritura braile en Hopian; una fotografía impresa sobre tela, según se señala en la referencia a la técnica en el catálogo de la muestra.

Como se podrá observar, la fotografía se desplaza entre distintos lenguajes específicos: el arte la ha dislocado (la ha cambiado de lugar), le ha robado su especificidad y no la deja ser como antaño.